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“Yo reivindico la figura de las personas mayores”

Entrevista a Fernando Ónega

Fernando Ónega es gallego, de Lugo, y periodista. Fue Director de Prensa con Adolfo Suárez, a quien escribió la mayoría de sus discursos. Director del diario Ya y colaborador en varios diarios. Hoy dirige el diario digital 65ymas.com. Tiene dos hijas periodistas. Nos sentamos con él para charlas sobre las personas mayores, los que tienen y no tienen nietos y el papel que desempeñan en la sociedad. Sus recuerdos de la infancia, cómo aborda su papel de abuelo y, sobre todo, su visión sobre los mayores.

Mensajeros.- La figura de los abuelos sigue ocupando un lugar preferente en el recuerdo de muchas personas, ¿forma también parte del tuyo?

Fernando Ónega- No tuve abuelos porque fallecieron antes de que yo naciera menos uno de ellos, pero como también murió al poco tiempo, lamentablemente no tengo ninguna memoria de ellos. Es una pena porque conocerlos, y sobre todo, que te cuenten historias de su tiempo, me parece de una riqueza intelectual tremenda que te lleva a conocer otros tiempos, otras vivencias, otras experiencias. Cuando la naturaleza te priva de ese conocimiento, algo falta en tu vida.

Había un ambiente de secreto en mi casa que nunca he conseguido revelar o que me revelasen, por ejemplo, con la guerra civil. Mi padre hizo la guerra en Asturias y nunca he conseguido saber qué hacía. La Guerra Civil lo llevaban como un pacto secreto. Luego, con el tiempo, lo he comentado con algún compañero de oficio de mi edad y me comentaba lo mismo, que les daba vergüenza hablar de que habían estado en la Guerra. Yo creo que lo que tenían que contar era demasiado cruel para contárselo a los niños. 

Del abuelo paterno es un poco del que más supe porque vivíamos en la misma casa. El venía de ser comerciante del vino en una aldeíta de la provincia de Lugo. Andaba a comprar vino al Bierzo por aquellas carreteras que eran casi campo y la tradición la siguió mi padre, entre paréntesis, con escasísimo beneficio económico.

Recuerdo perfectamente que si sobreviví a aquellos tiempos fue por la leche que daba una vaca que llamábamos La Capitana, 30 litros de leche al día, suficientes para sostener a un estudiante en Lugo. Primero estudió mi hermano y luego yo, todo gracias a La Capitana. Es la heroína de nuestra casa y merecía ser mi abuela (risas).

“Si sobreviví a aquellos tiempos fue por la leche que daba una vaca que llamábamos La Capitana, 30 litros de leche al día, suficientes para sostener a un estudiante en Lugo”

MdP.- Tus abuelos no pudieron contarte esas historias que tanto añoras a pesar del paso del tiempo pero… ¿Y tú? ¿Les has contado historias a tus hijas o a tus nietos?

F.O.- A mis hijas les he hablado mucho y les he contado historias, porque la vida de una aldea gallega da para muchas novelas y como tengo una hija con vocación literaria, le interesan mucho las historias de meigas y de trasgos; de aquellas noches en las que la meiga que teníamos al lado de casa hacía prodigios, como andar con un candil de gas encima de la cabeza, en noches horrendas de frío y viento y lluvia sin que ese candil de gas se apagara nunca. 

También de una vez que una vaca del alcalde le comió las hortalizas que tenía en el huerto y entonces les hizo un conjuro poniendo las hortalizas hacia abajo, que es como se ponen las velas alrededor de los demonios, y luego contaron que aquella vaca en lugar de dar leche dio sangre. Esas memorias de infancia son las que les cuento porque el resto son más bien miserias. 

MdP.- ¿Era tan dura la vida en aquella aldea de Lugo cuando eras niño?

F.O.- Vivíamos en la Edad Media. Ayudaba a mi padre a trabajar en el campo con un arado romano; he visto llegar la electricidad a la casa con un candil de gas que sustituyó a las velas; luego, un extraño artilugio, la luz de carburo, que ahora no sé si se entiende lo que es eso. Yo tampoco lo entiendo muy bien. Yo pasé de la Edad Media a la era de Internet. Muy poca gente lo puede decir pero yo tengo ese privilegio.

MdP.- ¿Cómo es el paso de ser padre a ser abuelo?

F.O. – Yo lo he llevado muy bien. Hay algunos que no admiten que sus nietos le llamen abuelos. A mí, sin embargo, ya no me llaman por mi nombre. El mío ahora es “abuelo” y yo a ellos les llamo “nietos”.

Dado que el padre Ángel anda por medio de todo esto, voy a hacer una confesión: tengo el complejo de no ser un buen abuelo. Trabajo mucho, incluso me dan las 4 de la mañana, me acuesto tardísimo, no paro y mis nietos, que son 4 y son varones, y un poco revoleras, viven en Majadahonda y yo en Alcobendas, que es como estar en Londres y Madrid.  Me gustaría ser eso que llaman “abuelo golondrina”, el abuelo que está ahí para llevar los niños al colegio, recogerlos mientras no están sus padres… ese tipo de cosas. La naturaleza de mi trabajo y mi esclavitud a ello no me lo permite, bueno eso y que soy un poco soso. Cuando nos vemos, la mezcla suele ser: revoleras, un 25 %; bronca, 25% ; cariño, otro 25 % y comprensión 5%. “Como vuelvas a manchar los cristales de Ángela no te vuelve a invitar a casa”, y así son nuestros encuentros.

M.- Aunque ese cóctel que nos cuentas suena un poco extraño… ¿Cómo es el cariño que sientes hacia los nietos?

F.O.- El amor de los nietos o a los nietos solo puedo decir que es grande, que es inmenso. Preguntarme si quiero más a los nietos que a los hijos me recuerda un poco la pregunta de si quieres más a papá o a mamá. Seguramente sientes más la presencia del hijo porque lo tienes permanentemente contigo. Sabes los días que está estreñido, los días que le duele algo, si tiene algún problema, si viene del colegio con mala cara y el roce crea el cariño. 

Pero la distancia física que tienes con el nieto hace que esos sentimientos sean también distantes. Muchas veces tienes información porque su madre te lo dice. La llamada más penosa siempre es cuando te manda el whatsapp diciendo: estamos en el hospital, que es una visita frecuente de los nietos pequeños.

Creo que es un cariño incluso superior al que le tengo a mis hijas, porque como madres, veo que ya vuelan solas, que ya son profesionales y que su vida está resuelta. Sin embargo, los críos tienen todo por resolver. Mi gran preocupación por ellos, mi alarma, es el cambio climático. Pienso en ellos dentro de 20 años… qué temperaturas tendremos en España; tendrán agua para bañarse, para beber… incluso para dilapidar, eso es lo que preocupa para mis nietos.

MdP.- ¿Cómo querrías que te recordaran tus nietos?

F.O.- Que he sido buena gente y no espero mucho más. Me gustaría que, en lo que me quede de vida, transmitirles algunos cuantos valores en los que creo y que son los que quiere todo el mundo: el valor del esfuerzo, el valor de la honestidad, y sobre todo, el valor de que sean ellos mismos. También me gustaría que fueran católicos practicantes, o al menos pero que crean en algo.  Limitar su existencia sólo a vivir, eso no es vida.  

MdP.- La sociedad actual parece enfrentarse a las personas mayores de un modo distante y ajeno, ¿tienes la misma percepción?

F.O.- Estamos en un mal momento: hay una enfermedad social que se llama edadismo, que consiste en considerar que lo joven por el mero hecho de ser joven es magnífico y lo antiguo o mayor por el mero hecho de ser mayor es despreciable .

Si observas la televisión, por ejemplo, es difícil encontrar a una persona mayor en la pantalla; igual que en la política: aquí el viejo ya es Pedro Sánchez, es increíble pero es así. La persona mayor sufre un montón de cosas: la más grave son las agresiones, el maltrato, porque las personas mayores están siendo maltratadas psicológica y físicamente en el ámbito de la familia y del hogar, y se dice muy pocas veces.

 

“Hay una enfermedad social que se llama edadismo, que consiste en considerar que lo joven por el mero hecho de ser joven es magnífico y lo antiguo o mayor por el mero hecho de ser mayor es despreciable.”

MdP.- Hay sociedades como las asiáticas, por ejemplo, que ponen la vejez como centro de su atención, pero la nuestra actúa de otra manera…

F.O.- Asociamos la vejez con la dependencia y eso actúa en contra del envejecimiento activo. Además, nos enfrentamos con otro grave problema: la soledad no deseada. La persona mayor vive mucho sola, los hijos han volado, una parte de la pareja se ha muerto. No hay noticia más dolorosa y más triste para mí que esa que se publica diciendo que un anciano o anciana ha sido encontrada muerta sola en su casa. 

Cuando Ruiz Gallardón prometió en una campaña a la alcaldía de Madrid que ningún viejo se moriría solo, me pareció una gran promesa electoral, aunque no se ha podido cumplir. Hay un cierto menosprecio a la persona mayor porque se le considera un utensilio usado, sin darse cuenta de que una persona de 60 o 65 años, en edad de jubilación, tiene al menos 20 años de vida por delante para desarrollar una vida activa. Me alegra muchísimo ver la cantidad de personas mayores matriculadas en las universidades, estudiando carreras y que no se presentan a oposiciones porque ya no tienen edad de trabajar. 

 

“La persona mayor vive mucho sola, los hijos han volado, una parte de la pareja se ha muerto. No hay noticia más dolorosa y más triste para mí que esa que se publica diciendo que un anciano o anciana ha sido encontrada muerta sola en su casa".

MdP.- Entonces, ¿crees que en algún sentido se está marginando a las personas mayores?

F.O.- La marginación de los mayores es tal que yo, por ejemplo, no puedo participar en una mesa electoral aunque eso me de tranquilidad. Pero esto, ¿qué diablos es?

Se está tendiendo a prescindir de la experiencia, del conocimiento y la sabiduría que tienen los mayores y cuando por casualidad se descubre a un mayor hablando en público como ocurrió con el representante de la Mesa de Edad, en el Congreso de los Diputados, ese señor que se parecía a Valle Inclán, todos dijimos: qué maravilla, qué bien habla, qué pozo de sabiduría, qué tranquilidad…  Pues esos son los viejos, el 80% de los viejos. 

MdP.- Y esa marginación de la que hablas, ¿se da igual en las ciudades que en los pueblos, en esa España Vacía que todos llamamos ya?

F.O.- La trayectoria de esos viajes rurales se aprecia más mientras vive en familia, pero ahora que la mayoría están solos, claro que se les continúa marginando. En estos momentos son el sostén de la España Vacía ¡Qué cantidad de pueblos solo tienen una media docena de viejos que lo sostienen!  Allí están, se reúnen a hablar aunque ya trabajan poquito, el huerto, una vaca, un par de ovejas, pero son quienes sostienen la España rural y vacía. Me gustaría pedir para ellos un gran homenaje porque sin ellos España todavía estaría mas vacía. Cada año que pasa y que envejecen, es un año que se pierde para repoblar esa España que hemos vaciado entre todos.

MdP.- ¿Cuál crees que debería ser el mensaje para esta sociedad que describes en la que las personas mayores parecen no tener ningún reconocimiento?

F.O.- Yo reivindico la figura de las personas mayores saliéndose de la vía de las pensiones. Se dice hay que subir las pensiones, y eso es una parte, pero yo pido a la sociedad una tarea educativa de respeto a esas personas, que han trabajado tanto, que siguen trabajando, a las que debemos respeto porque han sido los que han salvado a España de una crisis enorme que pudo haber desembocado en revolución. Hay miles de hijos de esos señores que no tenían para comer durante la crisis y gracias a la pensión del abuelo han podido salir adelante. 

Quiero llamar la atención sobre un bloque de edad especialmente: el que está entre los 50 y los 65 años. Esos hombres y mujeres que a los 50 se ha quedado en paro y están pagando hipoteca y tienen a sus hijos sin trabajar y tienen que pagar todos los meses los gastos de comunidad… el gasto de abrir la persiana de casa cada día. Esos son las autenticas víctimas de las injusticias que sobreviven en este país. Para ellos pido atención al Gobierno, no solo para los jubilados, ese sector entre 50 y 65 años de edad, es un sector demasiado importante y vital para dejarlos en la estacada, condenados en muchos casos a la inanición; en el mejor de los casos, al aburrimiento; y en el peor de los casos. No lo quiero decir, la palabra podría ser suicidio aunque pocos se atrevan a decirlo.

“Yo pido a la sociedad una tarea educativa de respeto a esas personas, que han trabajado tanto, que siguen trabajando, a las que debemos respeto porque han sido los que han salvado a España de una crisis enorme”.